ENTREVISTA A ADRIÁN LASTRA: “Mi papel perfecto es intentar ser yo mismo sin tener una máscara”

Comenzó siendo un friki de Bustamante, pasó por sus inicios en el teatro musical y ahora es uno de los actores más reconocidos de nuestro país. Adrián Lastra (Madrid, 1984) le debe mucho a su voz que –aunque un día tuviera un color similar al de otros–, hoy es una voz única tanto para musicales como para ficción. Su vena polifacética alcanzó la televisión hace un par de años, donde daba y continuará dando vida a uno de los personajes más queridos de Velvet: Pedro Infantes.

El festival de cine internacional de Valencia, Cinema Jove, galardonaba el pasado sábado a Lastra con el premio “Un futuro de cine”. Es por ello que no quisimos perdernos la ocasión y charlamos con el actor en tres tiempos: pasado, presente y futuro.

Iris Montoya: ¿Cómo se siente uno sabiendo que va a tener en sus manos el premio “Un futuro de cine”?

Adrián Lastra: Felicidad y orgullo. A veces pienso que no me merezco los premios que me dan, así que solo me queda dar las gracias. Lo malo o lo bueno, según se mire, es que no le quiero dar más importancia de la que tiene. Mola y ya. Ir a más sería un peligro, y más para la cabeza y la capacidad que tenemos nosotros, los actores. Lo importante es que a la gente le guste la carrera o el trabajo que has realizado.

IM: Hablando de futuro y del estreno –próximo- de Toc, toc, ¿qué puedes adelantarnos sobre el film?

AL: Es una película que viene de la obra de teatro con el mismo nombre. Lo que puedo avanzar es que se trata de un grupo de seis personas con trastornos obsesivos compulsivos que tienen que ir a una terapia. Cuando llegan al lugar observan que el terapeuta no está, por lo que deciden pasar las próximas horas intentando solucionar sus problemas por ellos mismos. Es una comedia muy, muy divertida.

IM: Como curiosidad, ¿tú tienes algún TOC?

AL: Yo pensaba que no, pero sí tengo. No es tanto un TOC, pero sí una manía. Tengo algo que también tiene el personaje que interpreto. Siempre he sabido que tenía esa manía, pero no quería darme cuenta de ello [risas]. Muchas veces voy cruzando el paso de cebra y solo piso las franjas blancas. Y si voy por adoquines y están intercalados –que no rectos– termino andando como un pato.

IM: Regresando al pasado, ¿cómo fue para ti tener un papel protagonista en Fuga de cerebros 2 habiendo dejado Mario Casas el listón tan alto en la primera?

AL: No me preocupaba el que Mario hubiera hecho la primera parte porque eso incluso lo hablé con él. Mi personaje era totalmente diferente, hacía de su hermano. Si te soy sincero, me ponía más nerviosos el saber que hice un cameo como yonqui en Fuga de cerebros 1. Además, era mi primera intervención en cine. Cuando ya conocí a Canco Rodríguez lo hablaba con él y decía: es que esa escena no me sirve ni para el videobook. Ni siquiera compartía plano con él. ¿Quién iba a creerse que estuve en Fuga de cerebros 1? Si no salía en escena con ninguno de los protagonistas y solo hacía de yonqui.

IM: De yonqui en la primera parte a protagonista en la segunda, ¿se digiere eso?

AL: Yo lo del éxito lo entiendo por momentos. El éxito es lo que dura la ola. Noté que me paraban mucho por la calle, sí, pero ya venía de Primos. Primos tuvo mucho boom y también gustó mucho a la gente. Sin embargo, yo nunca me acostumbro a que me paren por la calle o a que me miren. No dejas de pensar que esa es la vida que has elegido, pero te sigue chocando. Todavía no estoy acostumbrado a estar tomando unas cervezas con mis amigos y saber que en la mesa de enfrente hay alguien que me está mirando.

IM: Hablando de Primos, ¿qué es lo mejor que te llevas de esa experiencia?

AL: Fue mi primera incursión en el cine con un papel importante. Me ponía nervioso de saber que estaba rodeado de unos animales de la interpretación como lo son Raúl Arévalo o Quim Gutiérrez. En la vida pensé que haría un personaje así: hipocondríaco, con determinadas enfermedades, que casi no habla ni se mueve y para más inri tiene un parche en el ojo. Era toda una novedad para mí. El personaje de José Miguel lo tenía todo y no tenía nada, a la vez. Estaba dibujado pero claro, ves y ponle corazón, ponle órganos, que sienta, que mire. Dale vida. Fue una experiencia muy bonita. Y mira que han pasado años, pero es que lo sigo recordando igual… De hecho, trabajé hace poco –de nuevo– con Dani (refiriéndose a Daniel Sánchez Arévalo, director de Primos) en teatro y lo volvíamos a comentar. Hay que hacer Primos 2 sí o sí. Dale tres años [risas].

IM: En referencia al proyecto teatral de Sánchez Arévalo, Hijos del entendimiento, ¿de qué forma te has preparado los nueve papeles que interpretas?

AL: Me lo he tomado como un juego. Te pones un escudo como cuando eras un niño y de repente te colocabas la corona y te convertías en rey. Esta obra es la mejor forma para volver a ser el niño que fuiste. Niño que muchos tenemos, pero que a veces está dormido y no lo queremos despertar. Cuando se te da la oportunidad de despertar a ese niño y de poder hacer nueve papeles en una obra –encima con Michelle Jenner al lado– es una maravilla. Claro que tenía dificultad, pero yo lo veía más guay que otra cosa. Lo que me ponía un poco nervioso era el tema del acento marroquí. Por lo demás, había muchas ganas de coger el escudo y ser un policía o ponerte a leer un libro y ser una persona de setenta y pico años que ha vivido una guerra, por ponerte algún ejemplo.

IM: En cuanto a ‘Velvet Collection’ –nueva serie de Movistar+ que viajará cinco años hacia el futuro en las vidas de los personajes de la ya finalizada Velvet–, ¿cómo va a evolucionar Pedro?

AL: Te lo puedo contar, pero si lo hago me echan y si me echan no lo puedo hacer [risas]. Lo que sí que puedo decir es que Pedro es un personaje que ha sufrido mucho, que ha tenido que madurar porque la vida le ha pegado varios golpes. Viene Manolito, que es una cabra loca, después de unos años en Alemania y se tendrá que hacer cargo de él. Lo que pasa es que Pedro tiene un problema, y en vez de ver a Manolito como su hijo lo ve como si fuera él mismo.

IM: ¿Crees que dicho spin-off cerrará como se merece la saga Velvet?

AL: Sí, todo se va a resolver. Hay gente que se quedará contenta y otra que no, pero es que no deja de ser una serie casi nueva. Lo que estamos contando es lo mismo, pero hay personajes nuevos y hay tramas nuevas. Los personajes sí que somos, mayoritariamente, los mismos, solo que vamos a contar una historia diferente de lo que la gente ya ha visto. Espero que a la gente le guste porque estamos preparando una cosa muy bonita.

IM: Por cierto, ¿se pasa miedo rodando una película de terror como es Noctem?

AL: Sí, doy fe de que se pasa miedo.

IM: ¿Ha habido alguna escena que te costara más de rodar?

AL: Sí, cuando rodábamos en una localización de Mallorca haciendo de que estábamos en México, aunque también fuimos allí en su día. Grabábamos dentro de un caserío de 1.300 metros cuadrados que tenía una pinta antiquísima y que tú lo veías y decías: yo no duermo aquí ni aunque me paguen. De hecho, hay gente del equipo que se quedaba a dormir ahí. Todas las habitaciones tenían una cuna y dos sillas pequeñas enfrentadas. Yo estoy durmiendo y veo que las sillas se giran o que hay alguien y me trago la lengua.

Sí que nos pasó a mi compañero y a mí una cosa, y es que en la mayoría de las escenas de acción nosotros mismos hacíamos de DP, o sea que llevábamos la cámara con un estabilizador y un volante. Pues había una escena en la que no había nadie en la casa más que el de sonido, que estaba justo detrás sin hacer ruido alguno. Yo le decía a Marcos: pase lo que pase no corto. Teníamos que pasar una puerta que no se abría, con lo cual tenías que echar a correr hacia el otro lado de la casa y buscarte la vida. Intenta salir de la casa a sabiendas de que te va a pasar algo seguro. La toma fue muy complicada porque eran unos ocho o nueve minutos. Basti, el compañero de reparto, quedó muy impactado y no paraba de toser y le venían vómitos.

En la segunda toma él llevaba la cámara, íbamos subiendo unas escaleras y, de repente, baja la cámara y dice que no puede seguir. El estado de ansiedad y de sugestión era enorme. Es que además debes de actuar y hacer creer que vas a morir, con lo cual se complica aún más tu labor. Entonces empezamos a correr y en tal que llegábamos a una puerta yo le tenía que pegar una patada. Lo hice y nada más abrirse vi una sombra, que lo más seguro es que fuera un reflejo del flash de la cámara, pero yo la vi. Fue como si me hubiera estampado contra la pared y al instante me caí al suelo. Todo esto llorando. Cogí a Basti y salimos corriendo. Era cortar y vomitar. Solo pudimos hacer tres tomas de esa escena y menos mal que al día siguiente salíamos de ahí y rodábamos corriendo en un bosque. Vino muy bien que estuviéramos quedamos de voz, hasta el punto de que yo estuve pinchado con Urbason durante un mes porque me quedé mudo. Hay que tener mucho cuidado y saber que al final es todo un juego. Yo siempre he dicho que todo es mentira, una vez se corta ya está. Eso sí, no estaba acostumbrado a esto. En tele tus tomas duran un minuto o minuto y medio, y no nueve. Además, cuando algo me da miedo yo insulto. Luego tenía que llamar a mi madre para pedirle perdón por si le habían pitado los oídos [risas].

IM: He leído que en tus comienzos en la interpretación musical tuviste a David Bustamante como fuente de inspiración, ¿por qué te identificabas tanto con él?

AL: Por la voz. Cuando yo empecé a cantar me decía la gente que tenía un color muy parecido. Sí, yo era un friki de David. Pero friki, muy friki. La primera vez que me subí a un escenario a cantar fue Por amor de Camilo Sesto, que ya lo cantó David. Y me acuerdo también de que un día David cantó una canción de Cristian Castro, Amantes de ocasión, en la que llevaba una camiseta larga desteñida de estas antiguas que se metían en lejía. Me lo sé de memoria, hasta el punto de que me compré exactamente la misma y canté con ella la versión que había hecho Bustamante de Por amor.

IM: ¿Has llegado a hablar esto con él tras haber coincidido con Paula Echevarría en Velvet?

AL: Sí se lo dije, sí. Qué vueltas da la vida.

IM: Y ahora, ¿quién te inspira?

AL: Voy encontrando inspiraciones día a día, o sea que no tengo una definida. Me inspiran muchas cosas: la música, el baile, los directores… Tengo mucha gente que me inspira, de la que aprendo y que me encanta ver. La única inspiración así más grande es Pepe Sacristán, que es un referente que todo actor tiene. Buscas en Internet qué es ser actor y te sale Sacristán.

Preguntas express…

IM: ¿Qué música escuchas?

AL: Oigo de todo un poco. Mis géneros favoritos van desde el folk, el country y el rock inglés de los ochenta hasta la ópera, los musicales, el pop… Y ahora, con todo esto que te estoy diciendo, voy y escucho a J. Balvin. Es que, ¿quién no escucha, por ejemplo, Despacito? El otro día me enseñaron un temazo de Balvin que iba a salir, lo escuché y dije: un hit perfecto para bailar este verano. Pero sí, soy muy de ponerme la carpeta random de Spotify.

IM: ¿Un director por el que te gustaría ser dirigido?

AL: Alberto Rodríguez, Amenábar, J.A. Bayona, David Serrano, Daniel Sánchez Arévalo otra vez… Me gustaría volver con Dani y empezar con Raúl Arévalo.

IM: El papel de tu vida sería…

AL: El de Adrián. Ya he hecho de mí mismo en Noctem, es verdad [risas]. Mi papel perfecto es intentar ser yo mismo sin tener una máscara. Es el papel que todo el mundo tendría que interpretar, pero que nadie interpreta. Nos ponemos una máscara y hacemos de que somos alguien; y luego no somos ni el 20% de lo que en realidad deberíamos ser. Al fin y al cabo, somos personas que nos enfadamos, que nos tropezamos y nos levantamos.

 Entrevista realizada por: Iris Montoya (@irius_MC )

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