Alejandro Fernández, el más querido

alejandro fernández

Portar un traje de charro no es para cualquiera. Símbolo del criollo mexicano, el atuendo requiere aplomo, galanura y actitud. Vestir de charro es arroparse con la identidad de un pueblo noble y apasionado, que lo mismo canta su alegría que su dolor.

A esa historia pertenece Alejandro Fernández, artista de pura cepa y moderno representante de una herencia de charros cantores, auténticos embajadores de la identidad mexicana, en la que han destacado figuras como Pedro Infante, Jorge Negrete, Javier Solís y Vicente en la Ciudad de México en 1971, Alejandro Fernández creció rodeado de la tradición musical de su país. Desde chico aprendió a valorar la lealtad no sólo por la patria sino por sus más antiguas y admirables tradiciones.

Dotado de una voz excepcional, el niño parecía elegido para conquistar los escenarios del planeta gracias a su interpretación personalísima de la música mexicana. Pero no siempre fue así. Apenas a los ocho años de edad, al tener su primera oportunidad de actuar frente al público, Alejandro olvidó la letra de una melodía mientras cantaba junto a su padre, el imponente Vicente Fernández, en televisión. No fue una experiencia grata.

La vida tranquila del estudiante de arquitectura cambió para siempre por iniciativa de Vicente Fernández. El padre de Alejandro, siempre atento al notable talento de su “potrillo”, lo invitó a grabar un dueto. Alejandro acababa de cumplir los 21 años de edad cuando el mundo entero escuchó por primera vez esa voz dulce y romántica que lo llevaría al estrellato casi de inmediato.

La canción se llamaba “Amor de los dos”, de Gilberto Parra. Desde el primer par de notas quedó claro de qué estaba hecho aquel muchacho que, después de todo, había nacido para cantar. El dueto de los Fernández fue un éxito rotundo. Sería el principio de una leyenda.

Pero Alejandro siempre ha estado lleno de sorpresas. Muchos podrían haberse dormido en sus laureles, cómodos por haber encontrado un nicho tan exclusivo como intocable. ¿Quién, después de todo, puede cantar ranchero como Alejandro? Pero un charro no se conforma con lo que tiene.

Pero su éxito histriónico no distrajo al cantante mexicano. En un reconocimiento a un país profundamente cercano a su corazón, Alejandro produjo, en el 2005, un disco en vivo que rompería esquemas. Con 28 músicos en escena en el Palacio de Congresos de Madrid, Alejandro compartió su pasión por la música en español con auténticos monstruos de la música española contemporánea.

alejandro fernández

Alejandro Fernández se da el gusto de divertirse y cantarle al amor y al desamor como nunca lo había hecho: con el ardor festivo de los mexicanos. En “Evolución”, Alejandro ofrece una producción que hace suya la dulzura latinoamericana sin dejar de lado el ritmo y el romance. Su voz y su notable oído musical han dado a luz uno de los discos de pop más atrevidos y auténticos de la historia moderna del idioma español. “Dos Mundos: Evolución” es una fusión perfecta del pop con la música mexicana. Son “Dos Mundos” que se unen en el sentir de un artista de excepción.

Puesto el alma en cada disco que ha ofrecido a su vastísimo público. Cada uno es un reflejo de una época de su vida. Si uno los escucha con cuidado comprende quién ha sido este hombre nacido entre canciones que decidió, hace años ya, dedicarle la vida a la música. Con “Confidencias”, Alejandro le da la bienvenida a sus 40 años.

Producido por el legendario Phil Ramone “Confidencias” es un disco que recuerda las melodías que acompañaron la infancia de Alejandro, no solo en la voz de su padre sino en la de su madre, que le enseñó muchas de las canciones que hoy, tres décadas más tarde, Alejandro hace suyas una vez más. Pero no solo eso. Detrás de “Confidencias” hay un secreto: el proyecto de Alejandro de regresar a la tradición de las grandes baladas hispanoamericanas de amor y desamor y presentarlas, con íntima frescura, a un nuevo público.

Así, Alejandro busca crear, con esa voz única que le ha ganado el amor de millones, un puente entre generaciones. Presentarle, a los que no han tenido todavía el gusto de conocerlos, a grandes como Nelson Ned, Miguel Gallardo, Roberto Carlos, Denise de Kalafe y tantos más. Y hacerlo no solo con su propia voz sino a lo largo de una carrera larga y llena de emociones, Alejandro ha acompañado de leyendas como Christina Aguilera, Rod Stewart o el propio Don Vicente Fernández. Eso, y nada más, es el secreto mejor guardado de estas “Confidencias”.

Es el trabajo de un hombre que ya tiene los años suficientes para mirar atrás y valorar lo que la vida le ha dado, pero que también está lleno de energía para seguir conmoviéndonos, voz en grito, con las canciones que están, desde su infancia, más cerca de su corazón. Eso es lo que quiere compartirnos Alejandro con estas hermosas “Confidencias”: la historia de sus amores y desamores, de sus recuerdos y anhelos, en un disco dulce, romántico, alegre y conmovedor. Un disco que se parece mucho a su autor. Cuando un artista es de verdad honesto resulta imposible separarlo de su creación: la obra lo representa y viceversa. Así ocurre con Alejandro Fernández. A lo largo de una carrera ilustre, con un sello decididamente charro, romántico y enamorado, Alejandro es un auténtico embajador de su patria. No podría ser de otra manera: el hombre lleva a México en la sangre.

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