Hoy se celebra el Día Mundial de la Risa. Recordamos los mejores ataques de risa en televisión

carlos sobera risa

Un directo es lo más complicado en el hacer televisivo. Realización y plató deben mantener una perfecta sintonía y todo ha de estar planificado en la escaleta, para que no haya “blancos” y la emisión fluya. Pero hay algo imposible de prever y con lo que no cuentan en el guión: las reacciones humanas. Y cuando no hay posibilidad de decir “corten”, es el temple del presentador o la presentadora la que evita el caos, ya sea en arranques de enfado o de incontinencia de carcajadas.

En ‘Sé lo que hicisteis’, no reírse era un reto:

Para los presentadores de ‘Sé lo que hicisteis’ el reto era, precisamente, hacerse los serios y seguir la corriente a sus colaboradores cuando era evidente que les estaba entrando la risa floja. Por muy ridícula, bizarra o divertida que fuera la actuación de Miki Nadal, Alberto Casado o Berta Collado. Los ataques de risa en directo eran algo habitual y no siempre conseguían mantener la compostura. Sobre todo Patricia Conde que, más de una vez ha acabado como en este vídeo, llorando de la risa. Lo más disparatado del tema es que es ella misma la que se hace gracia, consciente de lo penoso de su imitación del gato.

‘El Diario’, un Master en auto-control para sus presentadoras:

Si ya es difícil aguantarse la risa cuando los compañeros de trabajo son unos payasos, lo de conducir un talk-show manteniendo el tipo, escuches lo que escuches -y esto incluye prácticamente todo- es de Maestra Jedi del auto-control. Pero es que está feo reírte de tu invitado. A no ser que te den pie, como Tomasa de Murcia, que fue a hablar de terremotos pero acabó revelándose como la versión femenina del Risitas. Por momentos Sandra y Tomasa entran en una espiral auto-destructiva en la que se contagian la una a la otra y al final la “entrevista” supera el punto de no retorno en el que será imposible tomarse a Tomasa en serio.

No es culpa de Toñi Moreno, es que le provocan:

Da igual lo dramático o peliagudo que sea el tema: Toñi Moreno tiene un imán para los entrevistados risueños y positivos. Como Amalia, de Toledo, que en lugar de dramatizar con su situación se ríe de ella y de la vida. Aquí la actitud de Toñi aquí está totalmente justificada. Amalia le descuadra desde el primer segundo con su presentación a lo ‘Barrio Sésamo’ para después confesarle, entre risas nerviosas, que la vida le va fatal. Aunque Toñi primero le da un improvisado diagnóstico de shock post-traumático, termina contagiándose del buen rollo de Amalia y de su optimismo. Y es que no hay ser humano en el mundo que pueda resistirse a una risa estrafalaria o a una persona capaz de ponerle tan buena cara (o buenas carcajadas) al mal tiempo.

Inoportunos deslices verbales:

Un clásico que sigue estando en vigor. ¿Quién no se ha sentido alguna vez avergonzado al haber usado la palabra que no tocaba y haber dado a entender algo muy distinto? Es que en esa situación reaccionamos todos como críos: da igual que uno sea Carlos González-Garcés, concejal de cultura de A Coruña. Es más: si detenéis el vídeo justo después de que pronuncie la palabra “dotados” veréis el momento exacto en el que la sonrisa contenida revela cómo ha sonado en su cabeza esa frase. Y aunque se apresure a aclararlo, ya es tarde. El niño que hay en él se ha adueñado de la situación y de la rueda de prensa. El político, además, era famoso por sus intervenciones cómicas. Un guasón, vaya.

¿De qué se ríe Frank Blanco?:

Se preguntan en el vídeo. ¿Es por el chiste de Miki Nadal? No, es otro caso evidente de risa a destiempo. O al menos eso intenta contarles Frank Blanco a sus compañeros de ‘Zapeando’, aunque casi no pueda ni hablar. Ellos, en un ataque de maldad, aprovechan además para echar más leña al fuego y seguir diciendo paridas cada vez que Frank intenta recuperarse con técnicas como morderse los mofletes o la respiración larga y profunda. La culpa de todo, al parecer, la tienen los vídeos del programa, que o son demasiado impactantes o él tarda demasiado en pillarlos. De ahí la risa cuando no toca. Pero aunque intenta explicarlo, es inútil. El humor es demasiado subjetivo. Y ya se sabe que “así contado no tiene tanta gracia, pero era muy gracioso”.

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