‘Salvados’, desde 2008 marcando la agenda

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Cuando alguien habla de Salvados, es difícil pensar en algo diferente a esa imagen de Jordi Évole persiguiendo a Juan Cotino por Valencia mientras este se niega a contestar a sus preguntas sobre el accidente del metro. O en la entrevista con el etarra arrepentido Iñaki Rekarte, que acaparó titulares durante días. Es fácil acordarse de ese cara a cara entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, que se adelantó a todos los debates de la campaña. O, más recientemente, de ese testimonio tremendo de Marina, una superviviente de la violencia machista que recorre centros escolares contando su historia y haciendo una labor más que necesaria.

La entrevista con Assange, la huida de Esperanza Aguirre cuando se dio cuenta de que había pasado la hora pactada, el reportaje sobre la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, el drama de los refugiados, o esos ya míticos programas sobre Venezuela o Grecia… Solo retazos de ocho años de historia de uno de los programas más respetados de la televisión española.

El programa del periodista catalán en LaSexta no ha dejado de dar de qué hablar desde que el primer episodio vio la luz el 24 de febrero de 2008. Desde sus inicios hasta el año pasado, Salvados era una producción de El Terrat, la compañía de Andreu Buenafuente, a quien el periodista siempre se ha referido como su “padrino televisivo”. En 2015, Jordi Évole y Ramón Lara, que codirigen el programa, crearon una nueva productora, Producciones del Barrio, que pasó a encargarse de Salvados, aunque ambas partes siguen manteniendo buenas relaciones.

Pero Évole dio muchos pasos antes de llegar a hacer el programa que hoy conocemos. En el año 2000 comenzó a trabajar como guionista en un espacio de TV3 que presentaba Andreu Buenafuente. Pocos años después, El Follonero ya era toda una institución televisiva en el show que este dirigía. Tanto que, en 2008, coincidiendo con las elecciones generales, Évole consiguió su propio programa, el origen del Salvados de hoy.

Salvados por la campaña surgió como un programa temático, en dos entregas, con la idea de trasladar las ya célebres acciones del Follonero a los actos de la campaña que entonces empezaba. Mucha gente no recuerda que la primera “misión” de Évole en su nuevo programa fue hacer de las suyas en los mítines. En concreto, “conseguir colar detrás de los dos líderes a una persona de color, concretamente de color negro”, en palabras del propio periodista. Esta hazaña ocupó todo el primer episodio, mientras que el objetivo del segundo era conseguir que una pareja gay se hiciera una foto con Aznar, al que debían decirle que estaba “precioso”.

Este nuevo formato fue un éxito –modesto, si lo comparamos con las audiencias actuales de Salvados, pero un éxito inesperado en aquel momento- y la productora decidió estirar el fenómeno. Así, la primera temporada de Salvados se completó con los programas Salvados por la iglesia, Salvados por la Eurocopa, Salvados por los toros, Salvados por la tele y Salvados por las vacaciones, en los que Évole y su equipo consiguieron cosas como darle al Papa Benedicto XVI la guitarra del Chikilicuatre, que ese año era el candidato español en Eurovisión.

Salvados por la campaña ganó su primer premio este mismo año, un Ondas a la innovación televisiva, y, por supuesto, el programa se renovó por una temporada más. Pasó a emitirse semanalmente, pero siguiendo una estructura por secciones muy diferente a los reportajes temáticos de estos últimos años. Entrevistas, mini reportajes e incluso sondeos realizados a través de los interfonos de los edificios, todo ello algo desordenado en cuanto a los temas pero con la personalidad del Follonero como principal atractivo. Salvados seguía siendo un programa cuyo elemento central era el humor.

Con el paso de las temporadas, Salvados fue cambiando. Primero se abandonó el formato por secciones y se le dio una coherencia temática a cada episodio. El segundo cambio fue más gradual. Aunque nadie podría poner una fecha exacta ni marcar un punto de inflexión, lo cierto es que alrededor de 2011 o 2012, Salvados ya no era un programa de humor y Jordi Évole ya no era El Follonero.

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Desde entonces se han sucedido los premios, los titulares, las entrevistas, y los récords de audiencia. Évole es ahora todo un líder de opinión, en un sentido mucho más “serio” del que habría esperado en 2008. Se ha convertido en uno de los periodistas de referencia en nuestro país, y Salvados, en uno de los programas de mayor calidad de nuestra televisión. Las cifras hablan por sí solas: el programa ha crecido desde una cuota del 5,2% en su primera temporada hasta un 15,2% de media en la undécima.

Los reportajes de Salvados tratan temas como la corrupción, la violencia de género, la inmigración, el paro o las elecciones. Évole y su equipo destacan desde siempre por su enorme capacidad para fijar la agenda de los medios y, en consecuencia, la agenda política. Lo veíamos en sus inicios, cuando durante días se hablaba de que el reportero había prometido su voto al primer candidato que dijera “Javier Bardem” en un debate. O cuando la imagen del Papa con la famosa guitarra de juguete apareció en todos los medios. Y hoy siguen haciéndolo, con el mismo éxito aunque pretendiendo cosas distintas. Los reportajes de Salvados son a veces una llamada a la acción. Casos como el de Metro Valencia ya son paradigmáticos del poder que tiene la televisión en la concienciación y en la exigencia de una respuesta política. Los coletazos de aquel Salvados aún se están viviendo en Valencia, donde continúa la Comisión de Investigación del accidente. Lo mismo ocurrió con la comandante Zaida Cantera, cuyo caso de acoso sexual alcanzó una repercusión que no habían podido darle responsables políticos de partidos como UPyD, que llevaban meses ejerciendo de defensores de la comandante en el hemiciclo. Hoy, Zaida Cantera es diputada parlamentaria del grupo socialista. Hace un año, los medios, los tribunales y los mandos militares le daban la espalda.

Sin embargo, Salvados no ha perdido su frescura, su aire gamberro y, ese espíritu de crítica que era el motor de las acciones de Évole como El Follonero. No hay más que ver el magnífico Operación Palace, que engañó a media España y le hizo creer, durante una hora, que el intento de golpe de estado del 23-F había sido un montaje para fortalecer el poder del Rey en la recién estrenada democracia. En este mockumentary, Évole contó con la complicidad de grandes figuras de las que, a priori, resultaba difícil dudar, como Iñaki Gabilondo, Fernando Ónega o el director de cine José Luis Garci, de quien se dijo que había sido el encargado de la dirección de las “escenas” del asalto al Congreso.

Ha pasado casi una década desde que Jordi Évole decidiera colocar al ya mítico Richi detrás de Zapatero y Rajoy en los mítines. Ocho años en los que Salvados ha sabido renovarse, adaptarse a los cambios y madurar mientras el público maduraba con él. Han recibido muchos premios y alabanzas de la prensa, aunque también muchas críticas y presiones. Pero, a día de hoy, el equipo de Évole se mantiene firme en su objetivo de mostrar la realidad como es, y de obligar a los espectadores a ver cosas que, a veces, preferirían no ver, pero que no deberían ignorarse.

Existen pocos programas de reportajes tan longevos en la televisión española, pero nadie duda de que, mientras siga siendo un ejemplo de trabajo periodístico bien hecho, a Salvados le espera un futuro de triunfos.

Escrito por: Marta Rojo (@Marta_R26)

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