Chester y Pepa Bueno se marcan este domingo un viaje “desde las alturas” con Pedro Duque y Amaya Valdemoro

Pedro Duque

Son los primeros de su clase. No necesariamente fueron los más listos del cole, pero sí que han sido los pioneros en su mundo. Abrieron camino e hicieron historia. Pedro Duque, el primer español en viajar al espacio, y Amaya Valdemoro, la mejor jugadora de baloncesto de nuestro país y la primera en competir en la NBA. Dos leyendas únicas. Sin embargo, sus vidas se distancian con “sutiles” diferencias. Uno es toda una celebridad, y otra, un rostro más anónimo. Pepa Bueno y Chester se embarcan esta semana en un viaje hacia las estrellas, para contar el domingo 3 de mayo, a partir de las 21:30h, cómo se vive una vida única “Desde las alturas”.

Pedro Duque: “En algún sitio tiene que haber vida fuera de la Tierra. Más pronto que tarde empezaremos a tener indicios de ello”:

Si el deseo de cualquier niño es viajar al espacio, Pedro Duque puede decir bien tranquilo que él ha cumplido al 100% sus sueños. “Aquello es como bucear (…) Estás flotando, los músculos del cuello no sujetan la cabeza, todo tu cuerpo está relajado…. Por eso se duerme menos”, explica a Pepa el primer, y de momento único, español que ha viajado al espacio. “Cuando volví, ya no era el mismo. Todo el mundo se te acerca a preguntarte cosas. Ya no podía ir a un restaurante normal y estuve no sé cuántos años sin ir en metro, porque era horroroso”.

Pionero, hombre singular, una leyenda…. ¿Acaso estaba destinado a ello? ¿Qué le hizo diferente del resto? ¿Fue su educación? “Soy defensor de la educación pública, pero no porque sea la mía (…) sino porque tengo comprobado que la gente buena, y genial, está distribuida por igual. En absoluto los que tienen una situación económica más favorable son de media más geniales que los que tienen menos. Y tienes que dar la educación a toda la población para asegurarte que no pierdes a todos los genios”.

De sus aventuras espaciales no sólo conserva muchas anécdotas. También tiene reflexiones sobre cuestiones como la vida extraterrestre, viajar al espacio o los meteoritos capaces de acabar con la Tierra que, ya sea por el cine, la ciencia ficción o nuestra imaginación, todos hemos tenido alguna vez en la cabeza. “Sobre los extraterrestres, yo creo que más pronto que tarde empezaremos a tener indicios muy buenos de por dónde hay vida fuera de la Tierra. En algún sitio tiene que haber, es demasiado baja la probabilidad de que sólo se haya dado este fenómeno aquí”, afirma Pedro. “Del turismo espacial, creo que sucederá. Todas las cosas que hemos inventado para ir al espacio tienen que pasar al mercado para que después podamos inventar otras”.

Amaya Valdemoro

Amaya Valdemoro: “Hay quien dice en el deporte hay que competir, y que gane el mejor, y si se pierde no pasa nada. No. Yo me enfado si quedo segunda”:

Sus credenciales deportivas lo dicen todo, porque lo ha ganado todo: es la mejor baloncestista española de la historia; el atleta nacional que más veces ha defendido a su país con la Selección; la primera española en jugar en la NBA y dueña de un palmarés deportivo que supera con creces al que podría ser su homólogo masculino, Pau Gasol. Así es Amaya Valdemoro, paradójicamente, una gran desconocida para parte de la sociedad. “Es todo un negocio. Un jugador de baloncesto español no gana lo mismo que un jugador de fútbol, porque genera menos”.

Amaya sabe que de haber sido hombre, las cosas hubieran sido muy distintas. “En la NBA la liga es de 4 meses y yo ganaba 40.000 dólares en esos cuatro meses, y Pau Millones… pero criticarlo sería injusto porque yo no puedo pedir el mismo salario que Pau. Porque yo no genero lo mismo que él”. Retirada desde hace un año y medio por culpa de las lesiones en sus muñecas, hace balance de su nueva etapa: “Ha sido muy duro. ¿Lo peor? Saber que no voy a jugar más, saber que no me voy a poner más zapatillas de deporte. He tenido tantas lesiones que apenas puedo practicarlo. Mi cuerpo ya no es el que era, no está preparado. Me he sentido torpe y me ha entrado mucha pena”.

De sus años de competición, Amaya recuerda algo: su obsesión por ganar: “Hay quien dice en el deporte hay que competir, y que gane el mejor, y si se pierde no pasa nada. No. Yo me enfado si quedo segunda. Yo quiero ganar (…) Tengo muy mal perder. No me aguanto ni yo después de perder. Soy muy… no sé si la palabra es autoexigente, pero que me quedo muy a gusto cuando gano”. Chester sacará además su lado más íntimo, donde predomina los emotivos recuerdos a su madre, los gestos dedicados a ella cuando metía una canasta, el homenaje que le rindió poniendo su nombre en el dorsal o la carta que le escribió diciéndole finalmente que la quería.

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